En el departamento de Santa Lucía, se encuentra la cuenca hortícola más importante de la provincia. Allí, son miles los kilos de tomates arrojados a la vera de una ruta y en los bajos de las chacras. Por falta de rentabilidad, los productores no alcanzan ni siquiera a cubrir sus costos.
Uno de ellos es Héctor Dezzoti, quien junto a su hermano Sergio lleva adelante una producción hortofrutícola y ganadera en una superficie de 25 hectáreas sin empleados.
“Nos pagan $20 el kilo, alrededor de unos $400 el cajón de 20 kilos. Pero para que nos quede algo nos tendrían que pagar al menos $2000 [el cajón]. Los costos se han ido encareciendo y ahora no conviene comercializarlos, por eso los estamos tirando. No cubrimos ni los costos”, dijo a LA NACION.
Según contó, los productores reciben la liquidación de sus ventas una vez finalizado el circuito en el Mercado Central: “No se pone precio hasta que se termina de vender en el Mercado Central y de acuerdo a cuánto se vende y qué costos tuvo recién ahí nos dicen cuánto quedó para nosotros”.
Por año sacan un promedio de 50.000 kilos de tomate. “Estamos vendiendo al precio de tres años atrás y en los insumos, que están dolarizados, lo que pagábamos $1000 hace tres años hoy es siete veces más caro; nos cuesta $7000. Ese incremento no se replicó en los valores de nuestra producción”, remarcó.

